Uber no es nuestra solución de movilidad

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Nota del editor: Este artículo ha sido escrito como respuesta a “Bogotá no necesita metro, sino más sistemas inteligentes como Uber” publicado en el PanAm Post el 5 de Mayo de 2016.

La verdad es que sí, toda ciudad como Bogotá que tenga casi ocho millones de personas, requiere para su movilidad eficiente, un sistema de transporte masivo que sea verdaderamente masivo, un sistema de transporte que pueda sacar a cientos y cientos de personas de una estación una y otra vez, en relativamente poco tiempo, para distribuirlas por la ciudad – entiéndase como sistema de transporte masivo el Metro, Tranvía, etc. dado que los buses se han mostrado insuficientes para cumplir esta función – Si se piensa que sistemas de transporte particular como Uber van a tener la capacidad de solucionar una problemática de este nivel, no se es sino ingenuo.

Ahora bien, esta frase inicial no significa que estamos en contra de la aparición de los sistemas inteligentes para facilitar la movilidad en la ciudad, por el contrario, estamos muy a favor de ellos. El problema es que su aplicación no es tan fácil como muchos creerían, pues en Colombia según Superfinanciera, unas 7 millones de personas tienen tarjeta de crédito, y los estratos que menos usan este producto financiero son 1, 2 y 3, igualmente según la Secretaría de Planeación estos estratos son los que más uso hacen del transporte público en Bogotá, teniendo una preferencia por los colectivos sobre Transmilenio. Esto hace que la adopción de Uber como solución para el transporte masivo en estratos 1, 2 y 3, dificulte mucho la tesis de que este servicio es la alternativa definitiva.

Además existen en la mayoría de países, unos grupos que se han hecho con el control de los sistemas de transporte individual – sí, taxis, estamos hablando de ustedes – y que por su alto nivel de organización, sumado a la complacencia de las autoridades locales, pueden bloquear una ciudad si decidieran parar, porque su paros no consisten en dejar el vehículo en casa y no salir a trabajar, consisten en literalmente, bloquear las vías de la ciudad con ellos. Estos deciden parar cuando aparece un actor nuevo que plantea un reto a su dominio, cuando, usando o no las tecnologías de la información, plantean una disrupción en su sistema bien balanceado. Si a ello se suman los requisitos de bancarización de la mayoría de sistemas inteligentes disponibles en el mercado, como Uber, y aún más los requerimientos de tarjeta de crédito, como Uber, se puede poner en perspectiva la posible reducción del impacto de los mismos en países en desarrollo, como Colombia.

El problema es que no se ha entendido que los taxis no son un servicio público, son un servicio privado, pues tienen la potestad de elegir si prestan o no un servicio, a quien lo prestan, y porque sus usuarios no deben compartir el vehículo con desconocidos que tienen el mismo destino – probablemente el car pooling sea mucho más público que los taxis en este sentido – Por lo tanto, los taxis no pueden ser sujetos de los mismos derechos que los sistemas de transporte público, estos últimos, en muchas ocasiones pertenecen a las ciudades o tienen una alta participación pública.

Al final, esto se convierte en un llamado a la liberalización de la prestación de servicio de transporte privado individual, a evitar la sobre-regulación por parte del sector político en países donde pensamos que haciendo leyes, y creando agencias especiales, solucionamos todos los problemas. Es un llamado a la apertura a nuevas opciones que puedan satisfacer las necesidades de movilidad de las personas, prestando un buen servicio, y usando herramientas que hagan mucho más inteligente y eficiente la prestación del mismo, tanto para los usuarios como para los conductores.

Pero todo esto se debe hacer entendiendo que no se puede prescindir de los sistemas de transporte masivo – verdaderamente masivos -, porque ni Uber, ni los Taxis, ni siquiera los buses, van a solucionar por sí solos, los problemas de movilidad de ciudades tan grandes, diversas en sus necesidades, y diversas en sus formas de vida, como Bogotá.

Bogotá sí necesita Metro, y uno muy bueno, pero necesita sumar a este, todo tipo de sistemas de transporte particular – individual y colectivo – que puedan ayudar a descongestionar la ciudad mientras se dignifica a los usuarios con buen servicio.